Publicidad:
Terra
La Coctelera

Final

Reconozco que pienso en ti mucho más de lo que debería y aunque cada mañana me propongo empezar a olvidarte, no lo consigo. Me entristece que tú parezcas no acordarte de mi y, aún sabiendo que lo estoy pasando mal y espero una respuesta tuya, no me dediques ni un minuto de tu tiempo. Por momentos me convenzo de que ya está; que entre nosotros ya ha ocurrido todo lo que tenía que ocurrir. Que esto es el punto y final que llevamos prorrogando tanto tiempo. Después me revelo contra esta idea, no me resigno a perderme tus labios, tu mirada, aunque solamente sea una vez. Es lo único que quiero saber. Si estás dispuesto a que ocurra una vez. Si me dijeras que no, podría llevarme mi dolor lejos de ti y comérmelo a solas y seguir con mi vida. Si me dijeras que sí, que adelante, sería la persona más feliz del planeta. Por fin seríamos capaces de hacer lo que realmente deseamos los dos y después ya valoraríamos las consecuencias de nuestra locura. No te pido tanto. Esta incertidumbre es la que me quita el aire. Miro el correo electrónico y el móvil cada cinco minutos esperando algo, aunque sea un: “Hola, cómo estás?”. Me muero de ganas de llamarte o escribirte pero me contengo para no presionarte, para que creas que estoy tan tranquila, metida de lleno en mi vida, cuando la realidad es que estoy tan perdida y tan loca que me cuesta concentrarme y seguir trabajando, comiendo, durmiendo como si nada…

Tu silencio me hace un daño inmenso y sé que debería dar por terminada esta historia. Dicen que quien calla, otorga.

Ya es hora de afrontar lo que en el fondo siempre supe, que nunca te atreverías.

Te quiero. Será esta la última vez que lo diga y procuraré que sea también la última vez que lo sienta, aunque eso es más difícil.

Un poquito más de mí

Le conozco desde hace casi cuatro años; trabajábamos en la misma oficina. Yo me estaba separando y él estaba casado; coincidimos tomando unas cañas con otros compañeros después del trabajo y conectamos en seguida. La atracción física era evidente y poco a poco fuimos quedando a tomar café, a comer, a fumar un pitillo...Me encantaba hablar con él y le dio sentido a mis días. Me dió ánimos y fuerzas para salir de mi casa y buscarme un apartamento, para llevar adelante un divorcio muy duro y para rehacer mi vida. Ambos sabíamos que entre nosotros había chispa pero él insistía en que estaba enamorado de su mujer y que lo nuestro era amistad.

Meses más tarde me reencontré con un antiguo novio al que quise muchísimo y retomé una relación a distancia, porque él había cambiado de ciudad. No estaba muy segura de lo que hacía pero en aquel momento me sentía terriblemente sola y decepcionada y este chico me daba todo lo que no podía encontrar en mi compañero de trabajo y todo lo que nunca tuve en mi matrimonio.

Pasaba el tiempo y seguíamos quedando. Le conté que había decidido dejar mi trabajo, mi nuevo apartamento y Madrid para irme a vivir con mi novio. Sé que le dolió pero en el fondo se sintió aliviado al saber que me iba a marchar porque empezaba a quererme. Una noche, después de celebrar la despedida de un amigo, nos quedamos a solas y nos besamos. Me dijo que si las circunstancias fueran otras, no me dejaría marchar, que no quería seguir besándome porque no podría parar, que soñaba conmigo, que le volvía loco mi piel, mi pelo, mi forma de vestir y mi sonrisa. A los pocos días me marché para empezar mi nueva vida.

Nos hemos escrito bastante, casi siempre evitando "el tema", nos hemos echado muchísimo de menos y han tenido que pasar casi dos años para que nos volvamos a ver. Los dos pensamos que estábamos curados pero cuando nos encontramos nos dimos cuenta de que no. Nos moríamos de ganas de besarnos y abrazarnos. Nos despedimos con lágrimas y besos en los labios.

Estoy enamorada de él y creo que él de mí pero nunca se atreverá a romper con su vida. Aunque no le haga feliz, aunque no funcione.

Y así estoy. No sé nada de él desde hace 10 días. Y me siento hundida y rota.